Como los toreros, Luis Enrique se inflama ante el peligro. Este miércoles en París lo buscó. Lo invocó desde una alineación sin centrocampistas prácticamente. Solo Vitinha —mediapunta de base— y Fabián —interior de ataque— compusieron la línea de medios del PSG frente a Gündogan, Frenkie de Jong y Sergi Roberto, un trío que reúne a dos de los mejores volantes centrales de Europa.

2

Gianluigi Donnarumma, Lucas, Beraldo, Nuno Mendes, Marquinhos, Fabián (Goncalo Ramos, min. 85), Vitor Ferreira, Lee Kang-In (Warren Zaïre-Emery, min. 60), Ousmane Dembélé, Kylian Mbappe y Marco Asensio (Bradley Barcola, min. 45)

3

Barcelona

Ter Stegen, Koundé, Ronald Araújo, Pau Cubarsí, Cancelo, Gündogan (Fermín López, min. 85), Sergi Roberto (Pedri, min. 61), Frenkie De Jong (A. Christensen, min. 75), Raphinha (Ferrán Torres, min. 75), Lewandowski y Lamine Yamal

Goles 0-1 min. 36: Raphinha. 1-1 min. 48: Ousmane Dembélé. 2-1 min. 50: Vitor Ferreira. 2-2 min. 61: Raphinha. 2-3 min. 76: A. Christensen.

Árbitro Anthony Taylor

Tarjetas amarillas Sergi Roberto (min. 34), Vitor Ferreira (min. 64), Pau Cubarsí (min. 82), A. Christensen (min. 87) y Fermín López (min. 88)

Luis Enrique y Xavi Hernández se encontraron en el túnel de vestuarios del Parque de los Príncipes instantes antes del partido. El cara a cara se produjo después de que la víspera el entrenador asturiano proclamase que él representaba mejor el estilo del Barça que su homólogo. “Mirad los datos de posesión, los títulos, la presión alta. No es opinable. Son datos”, presumió Luis Enrique. No pareció el momento más oportuno de hacer de menos a un colega que atraviesa momentos de dudosa popularidad. Al ver a Xavi, le interpeló en medio del pasillo por el apodo jocoso que recibía en el vestuario cuando era jugador: “¡Pelopo!”. Dos cámaras les seguían. Xavi, que iba envuelto en una parka de plumas, abrió los brazos invitándole al abrazo al grito de: “¡Qué agresividad! ¡Qué agresividad!”. “Ya sabes cómo voy siempre”, le dijo el técnico del PSG. Y añadió: “¿Vas a protestar hoy?”.

Hay partidos de entrenadores y partidos de jugadores. Este PSG-Barça de París tuvo mucho de lo primero. En el arranque del partido, porque Luis Enrique hizo un planteamiento kamikaze: poner a Kang-in Lee como interior derecho fue exponer a Fabián y a Vitinha en un mediocampo despoblado. Ninguno de los tres era mediocentro de base. Para colmo, en punta, como falso nueve, actuó Marco Asensio, futbolista tristemente célebre por incurrir en profundas lagunas de inactividad, sobre todo cuando se trata de prestar apoyos a los interiores en funciones de mantenimiento. Asensio, largamente suplente bajo el mandato de Luis Enrique, vive para las grandes definiciones en el área rival. Fuera de eso, se convierte en un espectador. Lo pagaron Vitinha, Fabián, Lee, Mbappé, y también Dembélé, que durante un rato jugó como si lo embargase la nostalgia del Mediterráneo.La extraña configuración de Luis Enrique se topó con un escuadrón de verdaderos expertos en ordenar defensas: Araujo, Frenkie de Jong, Güdogan y Sergi Roberto formaron un bloque solidario. Bajo su dirección, Cancelo, Cubarsí y Koundé hicieron un trabajo serio.

El 0-1 al descanso obligó a Luis Enrique a tomar medidas urgentes: quitó a Asensio y metió a Barcola. Extremo por extremo. La consecuencia fue inmediata: Vitinha se adueñó de un balón dividido, lo pasó a Mbappé, y Dembélé hizo el 1-1. Dos minutos más tarde, el propio Vitinha, apoyándose en Barcola y Fabián, culminó la jugada del 2-1. Entonces fue el turno de Xavi. Lo primero que hizo el técnico del Barça para cerrar la vía de agua fue mandar a calentar a Christensen e introducir a Pedri por Sergi Roberto. Tardó un 45 segundos en hacer efecto. El primer balón que tocó Pedri fue para colocarlo frente a Raphinha entre Marquinhos y Beraldo. El brasileño se giró, empalmó y metió el 2-2. Su primer doblete con el Barça.

“Creo que es evidente que el resultado desacredita mis decisiones”, dijo Luis Enrique, al acabar el partido, cuando le preguntaron por la conformación del mediocampo en la alineación inicial. “Lo acepto con deportividad. Soy un deportista nato”.

Cada contribución de los entrenadores al intervencionismo rendía frutos instantáneos. Xavi prosiguió su carrusel con el mismo efecto. Quitó a De Jong, que jugaba su primer partido tras un mes y medio de lesión, y dio entrada a Christensen, que dos minutos después empujó el 2-3 en un barullo en el área de Donnarumma. La respuesta de Luis Enrique fue tan descabellada como su alineación inicial: metió a Mbappé por el medio en posición de nueve, el puesto que menos le agrada, donde más incómodo se siente, causa principal de un largo litigio con el técnico. A su lado colocó a Gonçalo Ramos, que ingresó a la refriega en lugar de Fabián. El PSG acabó con cuatro delanteros y dos volantes. De nuevo, con un centro del campo exiguo contra el que probablemente sea el grupo de interiores más dotados del continente. El resultado fue un castigo inapelable.

“Ha sido un gran partido del equipo”, dijo Xavi después del pitido final; “para poder decir que el Barça está vivo. Hemos sido más solidarios que nunca. Tanto en defensa como en ataque. Este trabajo colectivo es lo que me hace sentir más orgulloso”.

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