Italia encarriló su difícil empresa de clasificación hacia la Eurocopa con un 5-2 a Macedonia. La goleada disimula el paso por un aro de fuego. Porque Macedonia, el rival que eliminó a Italia en los playoffs de clasificación para el Mundial de Qatar, metió dos goles, llevó el partido al 3-2, y estuvo a punto de remontar en un clima cargado de tensión en el estadio Olímpico de Roma, este viernes por la noche. Ahora a Italia le basta con conseguir un empate ante Ucrania en la última jornada del Grupo C, el lunes que viene, para asegurar el segundo puesto que proporciona un billete directo y superar el trauma que arrastra desde el 12 de noviembre de 2017, cuando en vísperas de la repesca ante Suecia el capitán Buffon emitió la proclama maldita: “Nosotros los italianos estamos abonados al Mundial”. Al día siguiente Italia quedó fuera de la Copa del Mundo de Rusia y Buffon anunció su retirada.

5

Gianluigi Donnarumma, Federico Gatti, Acerbi, Dimarco, Darmian, Bonaventura (Davide Frattesi, min. 62), Jorginho (Cristante, min. 62), Barella, Federico Chiesa (Nicolo Zaniolo, min. 61), Giacomo Raspadori (Gianluca Scamacca, min. 89) y Berardi (El Shaarawy, min. 76)

2

Macedonia del Norte

Dimitrievski, Nikola Serafimov, Musliu, Jovan Manev, Agon Elezi, Ademi (Jani Atanasov, min. 45), Bojan Dimoski, Alioski, Enis Bardhi, Elmas (Churlinov, min. 72) y Bojan Miovski

Goles 1-0 min. 16: Darmian. 2-0 min. 41: Federico Chiesa. 3-0 min. 47: Federico Chiesa. 3-1 min. 51: Jani Atanasov. 3-2 min. 73: Jani Atanasov. 4-2 min. 80: Giacomo Raspadori. 5-2 min. 93: El Shaarawy.

Árbitro Felix Zwayer

Tarjetas amarillas Nicolo Zaniolo (min. 71), Churlinov (min. 78), Askovski (min. 80), Milan Ristovski (min. 83), Nikola Serafimov (min. 86) y Acerbi (min. 89)

“Caminamos junto al miedo”, advirtió Spalletti esta semana. Fue revelador. El fútbol de máximo nivel es un juego de miedo, pero sus protagonistas rara vez lo racionalizan, mucho menos en público. Los nervios, el temor, también el pánico, asechan silentes a los jugadores detrás de cada control del balón, especialmente cuando una nación deposita todas sus esperanzas en una victoria que se reconoce como un derecho adquirido por tradición.

Después de sufrir dos eliminaciones trágicas que expulsaron a Italia de los Mundiales de 2018 y 2022, y tras encaminarse peligrosamente hacia otra calamidad a las puertas de la Eurocopa de 2024, Luciano Spalletti, nombrado seleccionador en plena crisis de resultados, el pasado verano, supo que su misión al frente de la selección consistía principalmente en combatir el terror que sus jugadores sentían a quedar señalados como responsables de otro fracaso histórico. Lejos de emplear eufemismos, presentó el problema a viva voz: he aquí el espanto. Inmediatamente señaló el camino hacia la solución. Coraje para pedir y pasar la pelota con sentido a través de un circuito en el que el orden queda determinado por la elección de los hombres de temple más firme. Primero Jorginho, el timonel, luego Chiesa, uno de esos extremos que se multiplican por cien, y finalmente Raspadori, el movedizo delantero del Nápoles, un falso nueve en toda regla, otro centrocampista camuflado. Contra Macedonia, debido a las lesiones, Spalletti descubrió otro pilar: Federico Gatti, el central de la Juventus, de 25 años. Un atrevido.

Aferrado a los pies seguros de Jorginho y a la bravura de Chiesa, el equipo fue rompiendo la presión física y psicológica que le impusieron Macedonia y la atmósfera. Ausente por lesión en la repesca del 23 de marzo de 2022 que ganó Macedonia en La Favorita de Palermo, el fogoso Federico Chiesa se elevó en Roma hasta ofrecer todo aquello que requería un partido angustiante. Hijo de Enrico, el fantástico delantero de la Fiorentina y la Roma, el extremo de la Juve es un caso raro de transmisión genética de agresividad del padre consagrado al hijo rico de cuna. Nunca se esconde. Nunca se acomoda. Nunca da ninguna tarea por resuelta antes de acometerla. Acude el primero a la llamada. No asume derechos adquiridos. Tampoco se inhibe si lo persiguen a patadas, como hizo Bojan Dimoski, que le paralizó el muslo derecho con un rodillazo en los primeros minutos de la noche. Chiesa insistió por la banda izquierda, cojo hasta que lo sustituyeron al cabo de una hora pero importante en los momentos cruciales.

Chiesa provocó el córner que desembocó en el 1-0, obra de Darmian, de cabeza, y Chiesa metió el 2-0 después de uno de esos momentos que parecen señalar una suerte de maldición. Fue sobre el minuto 40 cuando el árbitro señaló penalti por mano y Jorginho acudió al punto de penalti arrastrando una tonelada sobre sus hombros. Todo el público sabía que un penalti fallado por Jorginho en esa misma portería, en 2022, ante Suecia, había arrastrado a Italia hacia la repesca fatídica de La Favortia. Y claro, Jorginho no ejecutó su remate más fino. Dimitravski, el portero del Rayo, le adivinó la intención proyectándose a su palo izquierdo y el marcador se quedó en 1-0. Al menos, durante un minuto más. El tiempo que le llevó a Chiesa empalmar un balón desde fuera del área y mandarlo a la red junto con toda la sensación de fracaso que amenazaba con atenazar a sus compañeros, afligidos ante el fallo de Jorginho.

Spalletti hace equilibrio

Inflamado como estaba, Chiesa anotó el 3-0 en el último minuto de prolongación, antes del descanso. Sobre el minuto 60, con el partido razonablemente encauzado, Spalletti hizo cambios pensando en el duelo decisivo ante Ucrania. Los primeros, el fatigado Jorginho, que no juega mucho en el Arsenal y va justo de forma; Chiesa, que cojeaba ostensiblemente, y Bonaventura.

Pensando que con los jugadores menos capaces sería suficiente para aguantar la ventaja ante Macedonia al tiempo que reservaba fuerzas para el duelo con Ucrania, Spalletti transitó una fina cornisa. Estuvo a punto de derrumbar todo lo conseguido. Los sustitutos, Cristante, Frattesi y Zaniolo, no lograron hacerse con el control del juego frente a unos macedonios absolutamente desinhibidos. Si el primer gol de Atanasov hizo aflorar los nervios disimulados, el segundo puso a las tribunas a rumorear. La perplejidad se extendía por la hinchada cuando Raspadori hizo el gol del alivio. Le sucedió El Shaarawy con el quinto, el definitivo en una noche de liberación.

“El segundo gol de Macedonia ha sido un accidente”, dijo Spalletti; “y nuestra reacción merece ser puesta en evidencia. Hemos jugado bien 90 minutos”.

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